La amenorrea en mujeres atletas

En algunas ocasiones, las mujeres que practican con regularidad ejercicio intenso, puede que tengan irregularidades en el ciclo menstrual (oligomenorrea) o incluso supresión completa de la menstruacion (Amenorrea). Vamos a descubrir cuales son las causas, como afecta al rendimiento deportivo y que hacer en caso de padecerla.

Las alteraciones del ciclo menstrual, constituyen uno de los principales motivos de consulta en ginecología, teniendo la amenorrea como síntoma principal. Esto es motivo de procupación por ser asociado con la pérdida de feminidad o de fertilidad. Algunos estudios revelan que la oligomenorrea y la amenorrea son más habituales en las deportistas con peso y grasa corporales bajos (Sundgot-Borgon, 1994) y se ha calculado que estas afecciones afectan hasta el 62% de las deportistas de fondo, al 60% de las que practican deportes estéticos y al 50% de las que participan en deportes por categorías de peso ( Sundgot-Borgon y Larsen, 1993). Ambas afecciones se asocian con niveles bajos de estrogenos, progesterona, hormona foliculoestimulante (FSH) y hormona luteinizante (LH)

¿Pero que es lo que de verdad causa la amenorrea? La amenorrea surgida a través del deporte tiene causa hipotalámica, ya que algunos de los factores que vamos a enumerar a continuación, provoca que se altere la síntesis y/o secreción de la hormona liberadora de gonadotropina. Para que entendáis esto, las gonadotropinas, son hormonas que se sintetizan en la hipófisis, encargadas de regular el ciclo reproductivo tanto de hombres como de mujeres, aunque como es evidente, realizando diferentes funciones en cada sexo. Como hemos comentado antes, la amenorrea puede aparecer debido a una combinación de factores, como pueden ser una ingesta calórica restringida, anarquía en las comidas, entrenamiento intenso antes de la menarquía, entrenamiento de gran intensidad y volumen, niveles bajos de grasa corporal y estrés físico y emocional. Es raro que una deportista tenga amenorrea por relacionarse con uno solo de los factores aquí mencionados. Lo normal es que padezca este trastorno menstrual cuando combinas a la vez varios de estos factores.

 Las chicas que inician un entrenamiento intenso antes de la pubertad, suelen tener los primeros períodos más tarde que la media. Esto tal vez se deba a una combinación de un gran volumen de ejercicio y niveles bajos de grasa corporal.

Algunas deportistas, en especial las corredoras, tienen unos periodos mas cortos que la media debido a los ciclos anovulatorios, que son ciclos durante los cuales no se produce la ovulación. Este patrón se asocia con niveles de estrógenos y progesteronas inferiores a los normales, debido a una alteración del eje hipotálamo-hipófisis-ovario. Es recomendable medir bién la intensidad para atletas principiantes o que debido a su edad no estén aún maduras ginecológicamente, además de planificar bién los programas de preparación física de las atletas a nivel general, para evitar llegar a niveles de sobreentrenamiento y a que se produzcan cambios fisiológicos muy bruscos. El sobreentrenamiento o un aumento demasiado rápido del ejercicio, implican una mala adaptación del sistema neuroendocrino a las cargas excesivas del ejercicio, pudiendo llevar a irregularidades del ciclo menstrual.

Los estudios demuestran que es más probable que por lo general, las deportistas que consumen menos calorías de las necesarias para desarrollar una actividad (Equilibrio energético negativo crónico) tengan trastornos menstruales. Se ha sugerido que se trata de una adaptación para conservar energía que realiza el cuerpo cuando la ingesta calórica es muy baja. Dicho de otro modo, el cuerpo, trata de ahorrar energía economizando los costes energéticos de la menstruación, es decir, “Clausurando el funcionamiento menstrual normal”. (Loucks y Cols, 1989; Edwards y Cols, 1993).

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Uno de los efectos más graves que produce la amenorrea, es la reducción de la densidad ósea y el aumento del riesgo de osteoporosis precoz y fracturas por sobrecarga. Esto se debe primariamente a los niveles bajos de estrógenos y progesterona, los cuales actúan directamente sobre los osteocitos (células óseas) para mantener el recambio metabólico óseo (Drinkwater y Cols, 1984). Cuando bajan los niveles hormonales, la degradación natural del hueso viejo supera la velocidad de formación de hueso nuevo. El resultado es una pérdida de minerales óseos y de densidad ósea. El entrenamiento ya no tiene un efecto positivo sobre la densidad ósea y no puede compensar los niveles de estrógenos y progesterona. No se sabe con certeza si la densidad ósea de los huesos, se recupera una vez que retorna la menstruacción. En un estudio a largo plazo se llego a la conclusión de que inicialmente aumentaba la masa ósea pero a largo plazo se mantenía baja en comparación con mujeres activas e inactivas (Drinkwater, 1986).

Con respecto al rendimiento deportivo, la amenorrea tiene muchos efectos negativos sobre dicho rendimiento, todos los cuales se relacionan con niveles muy bajos de estrógenos. Entre ellos se incluyen lesiones de los tejidos blandos, fracturas por sobrecarga, curación lenta de las lesiones y capacidad reducida para recuperarse de las sesiones duras de entrenamiento. (Lloyd y Cols, 1986). Por ejemplo, los niveles bajos de estrógenos provocan una pérdida de flexibilidad de los ligamentos, los cuales se vuelven más suceptibles a las lesiones. Los niveles bajos de estrógenos retardan la adaptación de los huesos al ejercicio y se producen más microfacturas que curan con más lentitud. El lado positivo es que es muy probable que el rendimiento mejore en cuanto vuelva la menstruación. Normalmente, con el reposo adecuado, un cambio de las pautas dietéticas y con apoyo emocional, las mujeres suelen tender a revertir esta situación.

La amenorrea secundaria, es decir, aquellas mujeres que previamente al problema si han tenido regla, y que ahora llevan unos 6 meses sin tenerla, deberían de acudir a su médico para que evalue al paciente y descarte causas médicas. Con respecto a su tratamiento, normalmente se centrará en recuperar un peso corporal normal, así como un nivel adecuado de grasa corporal, además de cambiar el programa de entrenamiento. Se puede reducir la intensidad, el volumen y la frecuencia del entrenamiento o cambiar el programa actual a un programa donde haya mas sesiones de entrenamiento alternativo. Tal vez, haya que aumentar la ingesta de alimentos para que el peso y los niveles de grasa corporales se sitúen en el márgen de la normalidad. Si existe algún grado de anarquía alimentaria habrá que superar este problema.

Si la amenorrea persiste tras este tratamiento, habrá que prescribir un tratamiento hormonal para prevenir nuevas pérdidas de denisidad mineral ósea. Suelen implantarse dósis de estrógenos y progesterona parecidas a las que se administran a las mujeres postmenopáusicas. Tal vez sea aconsejable tomar simultáneamene suplementos que contengan calcio, magnesio y otros minerales.

 

Bibliografía requerida:

Guia completa de la nutrición del deportista (Anita Bean, 2002 Editorial Padiotribo)
Amenorrea central. R. Tur, J. Herrero, M.Graña. Editorial médica Panamericana
La resistencia en el deporte. R.J. Shepard
Fundamentos de ginecología. J.M. Bajo Arenas, J.M. Lailla Vicens, J.Xercavins Montosa. Editorial médica Panamericana

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